Fecha de creación: 27 de julio del 2007
Debido a que me pintó el momento de inspiración, a que es fin de semana y en vez de estar leyendo la Ley de Sociedades estoy pelotudeando con esto ya que tengo “tiempo libre”, o quizá a modo de reflexión sobre mi vida, mi corto pasado, amistades, afectos, gente cercana, quise escribir sobre mi infancia, y mis principios de adolescencia. Relato del cual muchos no van a entender ni J, otros quizás, por similitudes que encuentren con la propia, y en definitiva aquellos que estuvieron presentes de alguna forma desde aquellos principios de mi formación.....
Previa aclaración y justificación del relato (como hago con la mayoría de las cosas, que costumbre, no?) me dispongo a relatar de la mejor manera posible aquellas cosas que quiero transmitir...
Cualquier persona que me haya conocido de chica, supo bien que yo tenía terror a los perros; si bien cada vez que había alguien ofreciendo cachorros en una esquina yo quería uno; cuando veía uno caminando por la calle, tenia que cruzarme de vereda del pánico que me provocaban; como así también, no había forma de subir a mi casa por el ascensor de servicio (de 3 que había, uno era para los animales, y yo jamás quería subir o bajar por ese, ya que quizá en el ínterin pudiera subir o bajar algún vecino con un can). No obstante, yo seguía rompiendo las bolas con tener un perro en un departamento. Y con que me conformaron?.....Mi abuelo se trajo desde Caballito a Belgrano una diminuta tortuguita en el bolsillo, que fue la destinataria de todo mi amor, cariño y cuidado que tenia para ofrecer a algún animal (léase cuadrúpedo, anfibio, reptil, y sus derivados, los otros vendrán con los años, je!). Nunca tuvo nombre concreto, para mi era “Just a turtle”, cambiando infinidad de veces el nombre, como así también el sexo (en definitiva nunca supe bien que corno era). Todo era feliz junto a mi tortuguita, hasta que una bola de medio metro, rosado y rubio la utilizaba para canalizar su necesidad de destrucción total. La función que cumplía para mi, pasó a ser para el, la de autito de carrera, amarrándola por el caparazón con sus diminutos deditos, ejerciendo una fuerte presión con el dedo índice sobre su pobre cabeza..........Tanto pero tanto le dió a la tortuga, que terminó con la cabeza colgando de apenas un colgajo de piel. Ese fue el fin de mi tortuguita, la mandamos a la casa de una fulanita para que me la cuidara, hasta tanto la bola de pelos rubia creciera y recapacitara de que ese pobre animal NO ERA UN AUTITO DE CARRERA.
No atribuyo a este puntual hecho, la cantidad de maldades cometidas hacia este rubiecito, sino más bien, a que yo era la más grande, a que a alguien tenia que molestar, probablemente a una buena cuota de celos, y al aire de mandona innato que tuve por aquellas épocas...
Recuerdo el arcón de madera que teníamos para guardar los juguetes (para nosotros era “El cajón de los juguetes”), en donde el juego (el mío precisamente), era sacarlos a todos, y una vez que estuviese vacío, convencerlo a mi hermano a través de múltiples argumentos (iban cambiando, y generalmente eran todos buenos) de que se metiera adentro de ese cajón, y una vez adentro, bajarle la tapa y ponerle la traba. Como generalmente (por no decir siempre) mi mama dormía la siesta a la hora de la tarde mientras nosotros jugábamos, podíamos hacer el quilombo que quisiéramos impunemente, hasta que esa impunidad se viera corrompida por el llanto desconsolado de alguno de los dos. Después de 10 o 15 minutos de mi hermano encerrado, me agarraba la culpa (o sus llantos eran demasiado fuertes e iban a despertar a mi mama) y lo liberaba...... Que placer que me provocaba su carita de susto y sus ojitos rojos de tanto llorar (en esa época, ese era el único motivo por el cual él podía tener los ojos de ese color). Iba transcurriendo la tarde, y teníamos que seguir jugando, y yo hacer buena letra con él para que cuando mama despertase, no le fuera con el cuento, por lo tanto jugábamos a que yo era la jefa de algo, y el era mi secretario. Lo hacia sentir importante delegándole responsabilidades y otorgándole funciones. (hasta tenia tarjetitas hechas a mano: “Agustín B. Ambrosini – Secretario”). Lógicamente la que tenia armado su despacho era yo.....y el de el, estaba compuesto por una mesa más berreta y una sillita en un rincón. También nos gustaba jugar a la perfumería, sacábamos todas las cosas del baño....y las armábamos de tal forma que uno era el vendedor, y el otro, lógicamente el comprador. Usábamos plata de verdad, y después nunca queríamos ordenar el quilombo que habíamos hecho.
Cuando me abstraía, y quería mis momentos de soledad, no quería hacer participar a mi hno de mis juegos; por lo tanto me advocaba a mi fanatismo por las Barbies: generalmente la más lindas eran las que usaban los vestidos más lindos, y las más feas eran las malas, las que le querían sacar los novios a las lindas, y las que peores estaban vestidas. Yo tenia alrededor de 20 Barbies y nada mas que 2 Ken. Debían ser dos sementales para abastecer a un séquito de perfectas curvas, todas sedientas de sexo. Uno de ellos era un bombón, todo lindo, y con sus extremidades intactas. Él era el objeto de disputa de todas las otras perras que hacían cualquier cosa para conseguir su amor. Y el otro, más viejito, un regalo de reyes allá por el 88, se le habia salido una gamba, y no la ponía nunca. Vale aclarar que ya desde chica mis historias que creaba para mis muñecas eran bien rebuscadas, con alto voltaje erótico (más de una vez me he ido a tomar la leche y mi madre se ha encontrado con la situación de varias Barbies desnudas alrededor del Ken lindo, también desnudo), había traiciones, asesinatos, mentiras, engaños y demás......Todo esto se desarrollaba en un amplio contexto, ya que tenia la cocinita, la bañadera, el gimnasio, camita y sillones; parte compradas, y parte hechas por mi buen y paciente padre que soportaba que le dejara los huevos al plato para que me hiciera mas perchitas con alambre (vaya a saber para que las quería,la ropa de Barbie no se arruga), o me mejorara la camita matrimonial (que de tanta bomba aflojaban las maderas), o me hiciera un nuevo silloncito....
Otro de mis juegos preferidos eran los Pin & Pon. (tenían pica con los playmovil). Me abstraía complemente con ellos. Mi abuelo me había regalado la casa (la que el techo de la terraza se abría, y tenia el baño, la sala de planchado y no se que otra boludez mas que giraba como una calesita). Tenia alrededor de 40 pinipones (eran baratos y venían adentro de una cajita, se acuerdan?), y el dilema era, como hacerlos entrar a todos dentro de la casita, ya que había una sola cama matrimonial. A diferencia de las Barbies, éstos me parecían asexuados, no se reproducían ni procreaban, no se besaban, como así tampoco tenían deseos sexuales que satisfacer; por lo tanto era un juego mas inocente, del cual le dedicaba largas jornadas....
Los findes solíamos ir a la quinta de mis abuelos (cerca de lo que es mi actual casa) y ahí era verdaderamente donde toda la imaginación echaba a volar. Convengamos que en la mayor parte de mi infancia no fue lo que se dice “una lady”, sino, mas bien era bastante varonera....amén de que había muchas cosas que me catalogaban en el rubro nena. Para mi, lo mas divertido era treparme a un árbol. No se porque, quizá porque era un reto ir probando en cada uno de ellos el método mas adecuado para subir, quizá porque era el refugio de cuando nos portábamos mal, salir rajando, picar en una rama y de ahí rogar que no se quiebre ni una hasta el final porque venían atrás para cagarnos a pedos, quizá porque teníamos la esperanza de que la promesa de nuestro abuelo de “cuando me jubile les voy a hacer una casita en el árbol” (vale aclarar que vivió como 15 años más, no se jubiló nunca, y se cagó muriendo, por ende, nunca hubo casita) o porque simplemente nos provocaba una inexplicable sensación de trepar en donde no se podía.......con el tiempo, fuimos creciendo, y los árboles ya no eran divertidos, ya nos habían serruchado las ramas de acceso, y ya le habíamos sacado la ficha a todos de cómo subir de modos alternos (léase hacernos piecito, poner sillas arriba de reposeras y biciletas).....y ahí pasamos a los techos..........ahhhhhhhh!!!! que sensación mas linda.....esa actividad perduró en el tiempo, hasta que quise contagiar a mis actuales amigas de lo divertido que era, y al ver que no había quórum, lo hacia sola, hasta que de a poco se fue desvaneciendo, o un día, como una pelotuda me vi sola en el techo de una casa y me dije “que carajo estoy haciendo acá”........ Para ese entonces mi hermano me seguía a sol y a sombra y no se despegaba ni un minuto de mi. Hasta el punto de cuando empezó a hablar, el hdp parecía que hablaba ruso, y yo la intérprete que traducía todo lo que queria comunicar al mundo. El guacho no hablaba mucho, hacia cagadas....una tras otra. Hasta se lo llegó a extorsionar de que si al final del día se portaba bien, le daban una moneda de 1$.....podría pasar horas escribiendo sobre mi hermano, pero es tarde y tengo la cabeza quemada, en la parte II (si la hay) me explayaré mas sobre el tema (puffff...me imagino que se van a comer hasta los pellejitos de la ansiedad)
Mañana será otro día, y quizá junto conmigo se despierte mi capacidad creativa.....